viernes, 9 de septiembre de 2011

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ww.artabria.com/benavides /  BENIGNO, MURIO EN LAS CUMBRES
 UN RECUERDO DE LOS HERMANOS DE LA LEJIA A BENIGNO

Fragmento de la obra “La escuadra la mandan los cabos”, M.  Domínguez Benavides,  Mexico, 1976.




 “¡A morir se ha dicho! Es lo que corresponde, después de luchar durante cerca de una semana con los ojos vueltos hacia el mar, sin que los barcos regresen del Sur. Se fusila al Gobernador Pérez Carballo y a su mujer, que estaba embarazada y a la que pretendieron hacer ahorcar para satisfacer el fariseísmo eclesiástico. Se fusila a los gobernadores de Lugo, Orense y Pontevedra. Se fusila a los alcaldes y a los concejales, a los diputados, a los dirigentes de los Frentes Populares, a los directivos de los partidos y de las organizaciones obreras, a los republicanos y a los masones, a este que no va a misa, a aquel "que me debe cien pesetas", al otro que un día, hace cinco años, soltó una blasfemia. Se fusila al maestro y a la maestra... Los falangistas coruñeses, que se han mostrado en la calle a partir de la noche del 20, dirigen la represión. Asesinan a Mazariegos; secretario de la U.G .T.; y meses más tarde, a su compañera, que preparaba su viaje a América, la detienen, la violan, le cercenan los pechos y la rematan a tiros. Al cenetista Villaverde le prometen la vida si colabora con la Falange y atrae los sindicatos cenetistas a la farsa del sindicalismo falangista. Villaverde se niega y le machacan la cabeza a culatazos. Los tres hermanos de la Lejía , France, Jaurés y Bebel, son también asesinados. El cuarto hermano, Pepiño, se pone a salvo y se incorpora al Ejército republicano, en cuya 11 División gana el grado de capitán y pierde una pierna. —¡Esos son los asesinos de vuestro padre! ¡Miradlos bien! —grita la viuda de Cano, un militante obrero, a sus hijos un día que se encuentra con los verdugos de su compañero. ¿Quiénes son ellos? Arcadio Vilella, noble arruinado, dengoso y marica; el carnicero Muiño y el cura Barrero, que dirigía un cuadro artístico en el que cantaba por las tardes con su dulce voz de tenor; de noche, se vestía de guardia civil y se dedicaba a "dar paseos". ¡Qué historias! A Manuel Diez, médico de Incio, lo exhiben con una albarda y lo atan a la cola de un caballo, que parte como un rayo, enloquecido. El médico suplicaba que lo matasen. Al día siguiente, el caballo volvió a la cuadra; traía atado a la cola el tronco descuartizado de Manuel Diez. Cinco jefes del Ejército —no fue la Falange sólo, ni sólo los curas, ni la Guardia civil sólo; el Ejército rebelde tiene las manos tan manchadas de cobardías sangrientas como los otros—, firmaron una sentencia en la que se calificaba el Centro de Estudios Históricos de institución judíomasónica. Y el horror siguió descargando sobre ciudades, villas, aldeas y lugares. Manolo Fresco, el combatiente de Lavadores, anda por los montes con un grupo de labriegos armados, haciendo la guerra de guerrillas lo mismo que los de Valdeorras. Asaltan las casas cuarteles y mantienen viva la esperanza. La represalia, falangista, clerical y guardiacivilera se ensaña con los detenidos. Se piden informes al cura, que los da sobre moralidad; al alcalde, que los da sobre la vida civil y al comandante de los puestos, que los da sobre la condición política. El alcalde de un pueblecito de Chantada, envía el siguiente informe sobre la maestra: "De su honestidad corporal, nada podemos decir porque nada se sabe. En cuanto a su moralidad política, es otra cosa: la maestra hacía cantar a los niños La Internacional y otros himnos anarcosindicalistas... Además, se asegura que es algo masona". El fascismo gallego tenía hambres de bestia dañina en los ojos. Galicia era ya un cuerpo decapitado, y con ser tantos los muertos, a los verdugos de La Coruña , Lugo, Orense y Pontevedra se le antojan ceros a los que faltaba la unidad: Benigno Alvarez, el jefe del Partido Comunista de Orense y el comunista más gallego de Galicia, el hombre que puso la mano en la mano de Bóveda durante la campaña electoral de 1936 y decía de él: "Bóveda no es comunista, pero es un buen gallego y un hombre honrado". De pequeña estatura, estrecho de pecho, la tez morena, el cabello negro y rizado, y en la mirada, una gran luz. No tenía esa dureza de expresión de muchos de sus camaradas, a quienes el diario combate se le acusa en sus facciones de soldados en acción de guerra. Por el semblante de Benigno se derramaba la dulzura. En Orense, no existe un proletariado industrial. Es una provincia de campesinos. Benigno recorría las aldeas y hablaba con los labriegos a la puerta de sus casas sin importarle su condición política o religiosa; les hablaba de sus problemas. Contra él armó la Falange a sus pistoleros. Una semana antes de la sublevación, planearon su asesinato, y en la acera del café "España" cayó muerto a tiros Novoa, del Partido Comunista orensano, para aprovechar las balas destinadas a Benigno. Se ha perdido Orense. Benigno, con Leandro Carro y otros compañeros, se refugia en los montes de Maceda y prosigue sus trabajos de organización del campesinado. Los labriegos son sus amigos. No lo denunciarán. La Falange lo busca. Lo busca la Guardia civil. La marquesa de Atalaya Bermeja ofrece un premio de 10,000 pesetas al que lo presente vivo o muerto. ¿Dónde se oculta la fiera comunista? Asesinan a su hermano Demetrio en el cuartel de San Francisco. Sus otros dos hermanos, José y Antonio, huyen a Portugal; la policía de Oliveira Salazar los detiene y los entrega en Tuy, donde los fusilan: Antonio tenía quince años. De la familia de Benigno, queda la madre, la mujer y la hermana. Encarcelan a la hermana y la madre fallece de un ataque al corazón. De la familia de Benigno, sólo queda la compañera. La condenan a muerte, la Guardia civil la apalea y la compañera de Benigno da a luz un hijo muerto. La familia de Benigno ha sido exterminada. Los vientos y las lluvias enferman a Benigno, oculto en un molino de la montaña. —Si muero en tu casa, molinero, te matarán a tí también. Y cuando empieza la agonía, pide que lo lleven al monte. Quiere morir sintiendo el olor de la tierra y el peso de los cielos de Galicia sobre su cabeza. En las cumbres, al pie de un árbol, Benigno se hizo recuerdo. A las cuarenta y ocho horas, un falangista del pueblo de Maceda encontró el cadáver en el cruce de dos caminos. La de Casa Bermeja ha ofrecido 10,000 pesetas. El falangista descarga su pistola y corre al pueblo: —¡He matado a Benigno! Era la gloria. La fortuna, ¡concho!, de redondo papo que abrazaba de pronto a un vecino de Maceda. —¡Matei a Benigno! —¡Matamos a Benigno! Se alumbraron cohetes y petardos, voltearon las campanas y un "tatachín" de pasodobles enardeció a los falangistas que, con el cadáver en un camión de carga, se pasearon de Maceda hasta Orense, por pueblos y aldeas. De antiguo, en todo Galicia, cuando un labriego daba muerte a una alimaña, tenía derecho a percibir un pequeño premio en dinero o en especie de los vecinos en la comarca en que la fiera hacía sus estragos. Con el despojo a hombros, el cazador recorría los caseríos llamando a las puertas: —¡Matei o lobo! La Falange paseó los despojos de Benigno pidiendo donativos: —¡Hemos matado la fiera comunista! Pero esta vez los labriegos no abrieron las puertas de sus casas. Rostros llorosos de mujeres asomábanse a las ventanas. Las más valientes se inclinaban sobre el cadáver y lo besaban: —¡Adiós, meu hirman! Los médicos de Orense hicieron la autopsia y dictaminaron que el muerto llevaba dos días desde que el falangista de Maceda lo mató. Ahora, los restos de nuestro amigo están ahí, en el depósito de cadáveres, para los que aún dudan de que Benigno ha dejado de existir. Las mujeres del pueblo se llegan a verlo, se les doblan los cuerpos y caen de rodillas. Rezan. ¿Por qué? ¿Rezan por alguien o rezan contra alguien? —Señor, a los muertos hay que rezarles, y también a los santos. Las señoritas de Orense acuden a ver a la fiera comunista. —A los rojos no se les reza —dicen—. Se les escupe. Las mujeres del pueblo siguieron rezando. Rezaban al Amigo del Hombre. -------------------------------------------------------------------------------- Así se perdió Galicia, perdióse la República y se perdió España. Porque la Escuadra tuvo que salir para el Estrecho.”

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